Mañana, día 2 abril se celebrará en Londres la “esperada” cumbre del G-20 que reunirá a los principales líderes mundiales. Después de la primera reunión que se realizó en Washington para intentar barrer toda la polvareda que habían levantado las aseguradoras como AIG o entidades financieras como Lehman Brothers, los presidentes de los países desarrollados y emergentes se vuelven a reunir para sacar algo en claro.
La gravedad de esta crisis si alguien tiene algo de responsabilidad son las mismas entidades que se reunirán mañana durante todo el día. No podemos señalar a los “Gordon”, “Sarkozy” o “Berlusconis” pero sí hacer una retrospectiva sobre donde estuvo la raíz o el principio de este problema. Este modelo que está arrastrando a medio mundo a niveles de deuda pública y desempleo nunca antes vistos -como en el caso de Gran Bretaña que se prevé que la deuda iguale al índice de Producto Interior Bruto del país- se puso en marcha al término de la Guerra Fría. El credo neoliberal de los países occidentales se reforzó con la caída del Muro de Berlín y por consiguiente de la URSS y el desarrollo de la China comunista. Esto obligó a encuadrar el sistema financiera con las connotaciones interesadas de los países occidentales, es decir, mínimo intervencionismo y máxima libertad para la regulación del mercado. Así, en 1980, el economista británico John Williamson ideó las nuevas bases para el régimen económico mundial del laissez faire. Todo esto desembocó en 10 puntos que regirían el sistema económico mundial y que se encargó de defenderlo y ponerlo en marcha el FMI y el BM.
Como estamos observando los 10 puntos fueron un castillo de naipes que durante 2008 y 2009 han ido desmoronándose hasta el límite de volver a replantearse el orden económico mundial. Y en eso están. O por lo menos lo intentan. En la primera reunión del G20, lo que mejor salió fue la puesta en escena. Fue más una despedida para el denostado Bush, que estaba haciendo las maletas para abandonar la Casa Blanca, que una clara apuesta para desarrollar medidas correctivas en el mercado. Lo único a lo que llegaron fue a “un compromiso” de reformar los mercado. Un compromiso, se estrujaron los sesos para ponerse de acuerdo…
Retomando la reunión de mañana en Londres, esta vez, parece que va en serio. Hay caras nuevas y sobre todo caras esperanzadoras. El nuevo presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, estará de cuerpo presente en esta reunión y no en una pantalla a través de una videoconferencia como así lo hizo en la cumbre de Washington -debería estar haciendo las maletas para instalarse en la Casa Blanca-. Al estilo de Juan XXIII y el Concilio de Vaticano II, Obama supongo que abrirá las puertas de la conferencia con el objetivo de que entre aire fresco a unas reuniones que están anquilosadas en el pasado más anodino. Así lo titula hoy El País, como el anuncio del nuevo mesías que desciende desde los cielos -The Air Force One- para convertir su popularidad en liderazgo.
Por mucho que llegue la Obamanía a Europa, el pesimismo sigue creciendo entre los analistas y profesionales más destacados del mundo financiero ante la próxima cumbre. Incluso el anfitrión, Londres y parte de su gabinete ejecutivo señala que la reunión del G20 no va a salvar el mundo, palabras del negociador británico del encuentro, Mark Balloch-Brown. Entidades como la OCDE alertan de una hemorragia económica mundial. Francia amenaza con abandonar la cumbre si no se dan pasos firmes para atajar la crisis y las protestas de los movimientos antiglobalización contra estas reuniones están más presentes que nunca (ver vídeo). Parece que el único que confía en el buen devenir de la cumbre es el primer ministro británico, Gordon Brown, que parece ser que su máximo y único objetivo sea el de congelar los sueldos a los banqueros. Algo es algo ¿no?
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